20 mayo 2024

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LA NUEVA VIDA DE UNA REFUGIADA UCRANIANA QUE HUYÓ CON SU HIJA, SU CHIHUAHUA Y EL CUENTO QUE LEYÓ LA NOCHE DEL PRIMER BOMBARDEO

Rescatada por argentinos

LA NUEVA VIDA DE UNA REFUGIADA UCRANIANA QUE HUYÓ CON SU HIJA, SU CHIHUAHUA Y EL CUENTO QUE LEYÓ LA NOCHE DEL PRIMER BOMBARDEO

Tras permanecer varios días en el centro de refugiados de Varsovia, Dasha se subió al avión humanitario de Enrique Piñeyro y partió hacia Roma en búsqueda de una nueva vida.

Por:  Mercedes Rébora

Son las tres y media de la mañana en Kiev. Hace pocas horas, Dasha (30) repitió la rutina de todas las noches: leerle un cuento de animales a Kiera, su hija de seis años, para que se duerma porque al otro día tenía que ir a la escuela, en el centro de la ciudad. Pero eso no ocurrió. Esa madrugada, Vladimir Putin bombardeó Kiev y lo que iba a ser una mañana común en la vida de la ucraniana resultó ser el primer día de una pesadilla.

Atormentada por las sirenas que resonaban en la capital ucraniana y por la angustia que la atravesaba, Dasha comprendió que esa era una señal más que suficiente para abandonar su país. Lo peor estaba por comenzar.

Planificó durante varias horas su plan de evacuación y juntó en un bolso lo único que necesitaba: dinero, pasaportes, ropa, el cuento de su nena y algunos abrigos. En esas primeras horas de horror, tuvo tiempo de comprarle una jaula transportadora a su chihuahua, Spice, indispensable para ambas.

Los tres cerraron con llave la puerta del edificio y nunca más regresaron. Tampoco saben si el departamento ubicado en el barrio de Holosiivska sigue existiendo. Pero eso ahora no importa. Dasha quiere dejar atrás esa vida, por lo menos el tiempo que se extienda la guerra entre Rusia y Ucrania, que ya lleva 28 días.

Ahora ella es una más de las miles de refugiadas ucranianas que cruzaron a Polonia para escapar de la invasión de las tropa de Putin.

Le tomó varios días llegar al centro de refugiados de Varsovia. Ella, junto a su mejor amiga y su hija, se subieron al primer tren que las llevara a Rzeszów y comenzaron la tediosa misión de abandonar su país en medio de las bombas. Después de hacer fila de hasta 2 días para cruzar la frontera, en medio de temperaturas heladas, lograron cruzar al territorio polaco.

En ese preciso instante una suerte de paz interior corrió por sus venas.

Luego de permanecer una semana en el centro de refugiados más grande de Polonia y de llorar todas las noches cuando Kiera lograba conciliar el sueño, Dasha se puso en contacto con una voluntaria de Cáritas Italia -que trabaja día y noche para tratar de conseguirle a miles de refugiados un nuevo hogar en el suelo italiano- y ambas entendieron que Italia podría ser un gran lugar para comenzar una nueva vida.

“Siempre estuve fascinada por la cultura italiana y por sus ciudades llenas de historias de personajes históricos e importantes de Europa. La calidez de los italianos y su particular sentido del humor me atraparon cuando conocí Roma de pequeña”, comentaba Dasha mientras esperaba para subirse al avión humanitario a cargo de Enrique Piñeyro que la llevaría de Varsovia a la capital italiana.

Dasha es joven, simpática y reservada. Da la sensación de ser una mujer introvertida, sumergida en sus propios pensamientos. Con el correr de la conversación entra en confianza y de a poco desliza una tímida sonrisa entre tanta angustia. Su voz es suave y acompaña su personalidad. Sus rastas llaman la atención: es la única en el centro de refugiados con ese corte de pelo. Dasha es también agradecida, constantemente agradece al equipo la ayuda y el regalo para su hija.

Cuando Dasha aterrizó en Roma se enteró que ese no sería su destino final. Los cambios de planes en estas situaciones son normales y las ONG hacen malabares para tratar de encontrarles a los miles de refugiados un hogar estable. Muchos de ellos se quedan en casas de familiares o conocidos, otros de ellos se dirigen a conventos ubicados en las afueras de Roma.

En el caso de Dasha, Kiera y su chihuahua, su nueva vida comenzó en Avellino, un encantador pueblo ubicado a 40km de Nápoles, una ciudad de tan solo 54.000 habitantes. Allí las tres encontrarán la oportunidad de una nueva vida, lejos de la guerra.

El viaje desde el Aeropuerto Fiumicino de Roma hacia el pueblo napolitano duró alrededor de cuatro horas, mucho más que la hora 45 minutos que tardó el avión en unir Varsovia con Roma, pero qué son cuatro horas más en un periplo de varios días  de tensión, incertidumbre y miedo escapando de las bombas. Son una anécdota más.

Una suerte de combi de Cáritas Italia las llevó a ellas y a otras familias al sur de Italia. A Dasha y su pequeña familia las ubicaron en una habitación que superó lo que imaginaban.

“Llegamos pasada la madrugada y nos dieron una habitación que está por encima de nuestras expectativas. Nos gustó mucho todo, gente muy amable y abierta, no esperábamos un recibimiento tan cálido”, explicó Dasha con alegría.

Pese a la dramática situación que vive desde hace un mes, la joven diseñadora se permite estos momentos de felicidad. Sabe que tiene que hacerlo, aunque sea por su hija.

La primera noche de su nueva vida en Italia Dasha y Kiera comieron hamburguesas con papas fritas de McDonald’s. Kiera se pasó toda la noche dibujando y haciendo amistades con el hijo de la otra ucraniana que vive al lado de ellos; nuevos vecinos en esta nueva vida.

Allí intentarán todos formar una pequeña familia. La unión es indispensable en este tipo de momentos. Dasha está en paz: lo peor ya pasó y dormirá por primera vez en un mes más de ocho horas.

Su nueva vida, como la de más de 3 millones de ucranianos que abandonaron Ucrania, recién comienza. Y eso no es poco.

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